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The Line issue 2015 – 2016

    
La performance en mí, o la caca y el signo Minimanifiesto escatológico Por Eli Neira Me cago en la Constitución Política de Chile porque la Constitución Política de Chile se cagó en mí primero. Y no solo se cagó en mí, sino en todos nosotros. Me recago en la constitución apelando a mi legítimo derecho a pataleo, aunque este no sea más que una ilusión. Pero, ¿qué es el arte sino ilusión?  ¿Qué son los signos? ¿Qué son siglos y siglos de pintura, poesía, teatro, novela, sino pura y cara ilusión? Ilusión de significado, ilusión de comunicación, ilusión de trascendencia que agota en sí misma su frágil pero centelleante vida. Ante la impotencia de los signos, ante la imposibilidad de comunicar, yo decido entonces encarnar el signo y me cago. Me cago y me fotografío cagando, lo registro en video también, para que no quede duda. Mi caca es real y mediática a la vez (¡chúpate esa!), más real (aunque menos mediática) que las tetas de la Bolocco, más real que las noticias de CNN, más real que las cifras macroeconómicas, más real que el dólar y el peso, mírela usted, huélala usted. Mírela bien, ¿qué siente?, ¿asco? Usted siente asco frente a mi caca  pero no siente asco frente al sistema. Y yo le pregunto, ¿qué es más asqueroso, mi caca o la colusión de las farmacias? ¿Mi caca o el montaje del caso bombas? ¿Mi caca o los precios del Transantiago? ¿Mi caca o la diferencia entre el sueldo de un senador y el de un obrero? ¿Mi caca o la policía apaleando niños mapuches? ¿Mi caca o el pinochetismo? ¿Mi caca o la constitución política que nos rige? ¿Mi caca o la cobardía de algunos políticos? Como puede darse cuenta, mi caca no es más que una pobre alpargata ante la magnitud de mierda que nos rodea. Entonces, siguiendo un impulso natural, me cago en la Constitución Política de Chile, la carta fundamental de la república redactada con prolijidad y malicia por el pinochetismo durante los 80 para dejarnos amarrados al dominio de los poderosos. Me cago en la madre de todos los males, en la trampa y herencia definitiva de la dictadura. Me cago sintiendo una enorme liberación no solo en mis entrañas sino en la totalidad de mi ser. Liberación que por cierto no espero represente a nadie ni guste a nadie más que a mí misma. (De todas maneras es un placer tenerles por aquí). Mi arte no aspira a la representatividad, ni a la inclusión. Si les apetece me toman en cuenta, sino se pueden ir a dar por culo. Tampoco espero que me amen por andarme cagando en público ni que me estudien en tesis doctorales ni que me incluyan en los contenidos obligatorios de la materia de artes plásticas para la enseñanza media. No señor, yo no pido eso, porque si me vienen con wevadas yo me cago también en el arte y la academia. A mi la academia nada me ha dado más que una deuda. No me dio conocimientos, no me ha dado premios ni trabajo hasta el momento ¿Por qué habría yo de seguir sus dictados?, ¿por qué tendría yo que doblegarme ante su curia? Ahora si me dan un cursito por ahí podríamos comenzar a dialogar… Pero mientras tanto me cago y bautizo mi caca como “El enemigo interno”. ¿Alguien se acuerda quién era el enemigo interno durante el gobierno de mi general Pinochet? Pues todos nosotros éramos el  enemigo interno. Nuestros padres, tíos, vecinos, profesores, primos, etc. Todos, grandes y chicos, todos vivimos bajo la sombra y la amenaza de la bayoneta. Y hablando de caca, bien sabemos que el gobierno militar no tuvo ningún problema en hacernos recagar a todos. A sus enemigos y al que dijera agua va. Nos cagaron, nos masacraron y nos dejaron amarrados a su trampa, la constitución que nos heredaron. Me cago además porque yo no inventé la caca, como todos ustedes bien sabrán, cagar es un proceso metabólico propio del ser humano (de vital importancia hay que agregar) presente en el cuerpo de todas las especies vertebradas e invertebradas. Cagar es patrimonio de la humanidad, facultad de todos los cuerpos, el mío, el suyo, el del presidente. Mi vecina caga, mi gato caga, el ratón caga, mi mamá caga, el perro caga y se la come además. Gracias a dios todos cagamos y si no cagamos nos morimos, eso es un hecho. Nos intoxicamos. Por lo tanto al que le genere problema mi caca, mmm… déjenme decirle que tiene un problema mayor, ya que se estaría conflictuado con un proceso biológico de su propio cuerpo. Un proceso que le pertenece en tanto integrante de la raza humana. Y es mejor no tener problemas con la caca. Ni con la raza humana. Se los digo. Ahora bien, dirán ustedes que podría yo tener la deferencia de ir a cagarme a otro lado, en privado, en el baño de mi casa, por ejemplo, como la gente decente y no hacerlo en un encuentro de performances. Pero es que la perfomance es así. Como cagarse en público. Una experiencia fuerte. (Aunque debo decir que mi caquita no estaba nadita de hedionda, porque ese día y como parte de la preparación para la obra solo comí vegetales, pensando en el público presente por supuesto) Por otro lado la caca en el arte ha estado presente desde siempre, desde que un cavernícola con las manos untadas en caca (en la época en que no había papel higiénico) las estampó en una caverna y luego les hecho pigmento. ¿De que creían que estaban hechas las manos de Altamira? ¿De óleo? ¿Creían que era un plotter? Pues no. Eran de caca. Caca, caca, la arcilla primigenia. La primera gran “Obra” del ser humano. ¿Sabía usted que en nuestro idioma ir a cagar también se dice ir a “obrar”? En los cuadros de Dalí hay caca. Él mismo lo escribe en su diario. Dalí usaba la caca como parte de su método de creación paranoico crítico. Cuenta en su diario que cuando niño le gustaba cagarse en los cajones de la ropa y cerrarlos para que luego los adultos se encontraran con el pastel al abrir los muebles. Hay caca en la obra de Gilbert & George. Por montones. Hay caca en el trabajo de David Nebreda, en las performances de La Congelada de Uva. Hay caca en Pink Flamingo, en el gran Passolini, hay caca en el MoMA de Nueva York, en el Guggenheim, en las bienales de Kassel y de Venecia (dicen que los famosos canales están llenos de caca). Hay caca en Sao Paulo, en Johannesburgo, en La Habana, en San Salvador, en Cincinnati. Hay caca en el mundo del arte porque hay caca en el mundo. Somos caca. En eso nos transformaremos. Cuando muramos y echemos la última cagadita junto con la última exhalada. Dicen que pisar caca trae buena suerte. Yo me pregunto, ¿hemos tenido buena suerte los chilenos los últimos 40 años? Bueno hasta aquí el manifiesto y los invito a disfrutar de la muestra y a visitar la tiendita de arte y poesía que está en la habitación continua. Esta obra se suma a los llamados para la formación de una *ASAMBLEA CONSTITUYENTE PARA CHILE* The Performance in Me, or the Shit and the Sign Scatological Mini-Manifesto By Eli Neira English Translation by Marlena Gittleman I shit on Chile’s Political Constitution because Chile’s Political Constitution shat on me first. And not only did it shit on me, but on all of us. I super shit on the Constitution, appealing to my legitimate right to complain, although this is nothing but an illusion. But what is art if not illusion? What are signs? What are centuries upon centuries of painting, poetry, theater, novels, if not pure and dear illusion? Illusion of meaning, illusion of communication, illusion of transcendence that uses up its own fragile yet flickering life. Faced with the impotence of signs and the impossibility of communication, I decide to incarnate the sign and I shit. I shit and I photograph myself shitting, I capture it on video as well, so there’s no doubt about it. My shit is real and famous at the same time (suck on that!), more real (although less famous) than Bolocco’s tits, more real than CNN’s news, more real than macroeconomic figures, more real than the dollar and the peso, look at it, smell it. Take a good look at it. What do you feel? Disgust? You feel disgust before my shit but not before the system. And I ask you: what is more disgusting, my shit or the collusion of pharmacies? My shit or the bombs case hoax? My shit or the price of the Transantiago? My shit or the salary gap between a senator and a worker? My shit or the police beating Mapuche children? My shit or Pinochetism? My shit or the political constitution that governs us? My shit or the cowardice of certain politicians? As you may notice, my shit is nothing more than a poor rag up against the magnitude of shit that surrounds us. So, following a natural impulse, I shit on Chile’s Political Constitution, the fundamental charter of the republic drafted with prolixity and malice by Pinochetism during the ’80s to keep us tied to control by the powerful. I shit on the mother of all evils, on the trap and definitive inheritance of the dictatorship. I shit feeling an enormous liberation not only in my bowels but in the totality of my being. Liberation that I certainly don’t presume to represent or be liked by anyone apart from me. (Although it is a pleasure to have all of you here.) My art doesn’t aspire to representation or to inclusion. If you feel like it, you can consider me; if not, you can shove it up your ass. Nor do I hope to be loved for going around shitting in public, or studied in doctoral theses or included in the mandatory content for high school plastic arts syllabi. No sir, I’m not asking for that, because if they come to me with bullshit I will also shit on art and academia. Academia hasn’t given me a thing besides debt. It didn’t give me knowledge, it hasn’t given me prizes or a job to date, so why would I need to follow its dictates? Why would I need to bow before its curia? But if they gave me a little course to teach, then maybe we could start talking… But until then I’ll shit and I’ll baptize my poop “The Internal Enemy.” Does anyone remember who the internal enemy was during the government of my general Pinochet? Well, all of us were the internal enemy. Our fathers, uncles, neighbors, professors, cousins, etc. Everyone, young and old, we all lived under the shadow and threat of the bayonet. And speaking of shit, we know well that the military government didn’t have a problem in making super-shit of us. Of its enemies and anyone warning others. They shat on us, massacred us, and left us tied to their trap, the constitution they passed down to us. I also shit because I didn’t invent shit. As you all well know, shitting is a human metabolic process (of vital importance, one should add), present in the bodies of all vertebrate and invertebrate species. Shitting is humanity’s heritage, a faculty of all bodies, mine, yours, the president’s. My neighbor shits, my cat shits, the rat shits, my mom shits, the dog shits and eats it too. Thanks to god, we all shit and if we don’t shit we die, that’s a fact. We intoxicate ourselves. For that reason, for whomever my shit generates a problem, hmm…let me tell them they have a bigger problem, given that they would also be in conflict with a biological process in their own bodies. A process that belongs to them as members of the human race. And it’s better not to have problems with shit. Or with the human race. I’m telling you. So now, you may say that I could have the deference to go and shit somewhere else, in private, in the bathroom in my house, for example, like decent people and not in a performance festival. But performance art is like that. Like shitting in public. An intense experience. (Although I should say that my poop wasn’t even a little bit stinky because as part of the preparation for the piece that day I only ate vegetables, thinking of the audience, of course.) On the other hand, shit in art has been ever-present, since a caveman with his hands smeared with poop (at a time when there was no toilet paper) stamped them on a cave and then added pigment to them. What did you think the hands from Altamira were made of? Oil paint? Did you think there was a plotter? Well, no. They were made of shit. Shit, shit, the original clay. The first great “Work” of the human being. Did you know that in Spanish going to shit is also called going to “work?” In Dalí’s paintings there is shit. He himself writes it in his journal. Dalí used shit as part of his paranoiac-critical method of creation. He tells in his diary that when he was a child he liked to shit in dresser drawers and close them so that later the adults would find the treat when opening them. There is shit in Gilbert & George’s work. Mountains of it. There is shit in David Nebreda’s work, in La Congelada de Uva’s performances. There is shit in Pink Flamingo, in the great Passolini, there’s shit at the MoMA in New York, at the Guggenheim, in the Kassel and Venice biennials (they say that the famous canals are full of shit). There’s shit in São Paulo, in Johannesburg, in Havana, in San Salvador, in Cincinnati. There is shit in the art world because there is shit in the world. We are shit. In this we will transform ourselves. When we die and push out the last little poop, together with the last breath. They say that stepping in shit brings good luck. I ask myself: have we Chileans had good luck for the past 40 years? Well, the manifesto ends here, and I invite you to enjoy the show and the little art and poetry booth in the next room. This work joins the calls for the formation of a *CONSTITUTIONAL ASSEMBLY FOR CHILE*


Crossroads at INFANTE 1415, Santiago

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UnderMAc Festival,
Santiago 2015

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Urban Sketchers,
Santiago 2015

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Crossroads Gallery,
Bushwick 2015

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El Paper Magazine,
New York 2014